18 de febrero de 2016

El problema no es el acero chino, el problema es nuestra regulación

“Cada regulación es una restricción de la libertad; cada regulación tiene un costo”.
Margaret Thatcher


Como ya he escrito en otras ocasiones, la competencia se ha convertido en un anatema impronunciable en una Asturias donde, los socialistas de todos los partidos, fían los avances civilizatorios del Estado del bienestar al viejo binomio votos cautivos/paz política -tan propio de las burocracias estatales- en lugar de al coste/beneficio enfocado desde el aspecto económico y social e inspirado en la lógica implacable del mercado. Cada vez que en nuestra región se produce algún atisbo de que esa lógica implacable del mercado cumple su función depurativa sobre las ineficiencias del funcionamiento del tejido productivo que debe sostener nuestra economía regional, queda claramente a la vista la orfandad en la que se encuentran los principios de menos Estado, más mercado, menos gasto y menos impuestos. En definitiva, queda en evidencia que el contenido de nuestros bolsillo, fruto de nuestro ahorro y nuestro trabajo, carece de defensa y se supedita a una falsa defensa del interés general.