1 de octubre de 2015

Plañideras presupuestarias

Como cada año, con la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado, salen las plañideras del "que hay de lo mío", los aristócratas del gasto público, a reclamar para su territorio el derecho a disponer de más dinero público que eliminen los agravios comparativos. 

Desgraciadamente da igual hacia que lado del arco parlamentario se mire. El discurso victimista es común. Porque la prioridad no pasa precisamente por ejercer el papel como generadores de riqueza y de empleo. Aquí de lo que se trata es "qué" toca del presupuesto y "como" se reparte. ¡Como si la prosperidad derivase del reparto de fondos públicos, y no la generación de fondos privados! ¡Como si los derechos fuesen de los territorio en lugar de las personas!


La mediocridad de la clase política  ha fomentado esta especie de juego del Monopoly como modelo de negocio, en detrimento de apoyar (o al menos de no estorbar) la tradición emprendedora y trabajadora de nuestro país.Como también lo ha provocado el endeudarnos hasta los ojos en proyectos faraónicos para mayor gloria de esos políticos mediocres que necesitaban de esos proyectos para compensar su mediocridad. Y todo ejecutado sobre la falsa idea de que era la escasez de infraestructuras es la que limitaba el progreso económico. 

¿Y si en lugar de haber dilapidado ese dinero en  infraestructura de “por si acaso”, como quien construye templos al maná, se hubiese atraído a las mejores multinacionales tecnológicas con sede en Europa poniéndoles el 12% de impuestos en lugar del treinta y tantos –como han hecho los irlandeses o los luxemburgueses con las gestoras de fondos–, o reduciendo drásticamente los costes de contratación y eliminando trabas burocráticas?


Mientras desde la política se siguen poniendo excusas a cerca del sostenimiento del Estado del bienestar, la realidad es que ya todo está  inventado sobre cómo atraer empresas, que son las que generan empleo, libertad y prosperidad; base de cualquier Estado del bienestar que con rigor pretendamos calificar como tal. 


¿Por qué se instala Apple en Irlanda, en lugar de en Valencia, Sevilla, Oviedo o Murcia? ¿Por sus carreteras? ¿Por sus superpuertos? ¿Por la red del AVE? ¿Por sus numerosos aeropuertos? No, si las multinacionales tecnológicas no están en España no es porque sea peor sitio que Irlanda. Se fueron allí porque pagan la mitad de impuestos y les dan todas las facilidades administrativas para instalarse. Igual que las empresas que se instalan en Estonia, que no pagan impuesto de sociedades, y sólo tributan si reparten beneficios.

Nada de cementerios regulatorios autonómicos, nacionales y locales, ni amenazas de sanciones y boicots si pretendes ejercer el derecho a la libertad de empresa y cambiar tu empresa de localización. Si como en Irlanda, Luxemburgo o Estonia, España  fuese facilitadora de la actividad empresarial, con mínimas trabas administrativas y una fuerte seguridad jurídica, sumado a que es un entorno ideal para vivir, ¿ustedes creen que las empresas se irían a esos paises? Al menos se lo pensarían y preguntarían a sus directivos donde desearían residir.

Reducir el elefantiásico estado español y su perniciosa influencia en el sistema productivo debería ser el centro del debate. Pero lamentablemente, ese debate sólo lo contemplaremos en Estados Unidos, en donde la carrera a la Casa Blanca se centra en competir por quien será más capaz de bajar el abultado gasto público y los impuestos. 

Eso aquí, por desgracia, no lo veremos. La estrategia de que las clases medias y medias altas paguen con sus impuestos un Estado del bienestar con derecho subjetivo a todo, limita la capacidad de consumo interno en un país cuya principal y casi única fuente de crecimiento (desgraciadamente) es el consumo interno. 

No hay excusa: lo que se está ahorrando en intereses por la caída de la prima de riesgo, debe destinarse a bajar YA los impuestos y los costes de contratación a las empresas, y convertir España en un paraíso fiscal. 

Sí, un PARAISO FISCAL donde el contribuyente pague, pero no se le prive de la mitad de su renta. Un PARAISO FISCAL donde las empresas paguen por estar en él, y no que los impuestos sean una barrera para que nuevas empresas venga a asentarse en nuestro país. Un PARAISO FISCAL donde la burocracia y el intervencionismo estatista dejen de penalizar las expectativas de crecimiento de las empresas. En definitiva, sacar partido al país para generar prosperidad, en lugar de poner trabas a los profesionales y las empresas que quieran vivir y trabajar aquí, y encima hacerse las víctimas buscando culpables externos.

 ¿Es tan difícil de entender?