24 de diciembre de 2014

Reindustrializar con innovación, no con subvención

Son prácticamente diarios los titulares haciendo llamadas y abogando por la reindustrialización como elemento catalizador para la salida de la crisis. De los tiempos en los que la industria española suponía el 34% del PIB, hemos pasado a que apenas sea un 14%. Demasiado tiempo --y demasiado dinero público-- ha costado caer en la cuenta que al formular el paradigma de la sociedad de servicios, sobre el que se asentaron los planes de reconversión y reactivación de sectores productivos como el carbón y el acero, se obvió que una sociedad de ese tipo sólo es posible cuando se apoya en una sólida actividad industrial, confiando su éxito --ahora demostrado sonoro fracaso-- a la eterna dependencia de la subvención; sin que su milmillonaria presencia haya logrado revertir la decadencia continua, allí donde los monocultivos estatistas deberían haber sido sustituidos por diversificación de la estructura productiva hacia segmentos intensivos en conocimiento, con mano de obra muy especializada y preparada para trabajar en sectores de alta tecnología y fuerte crecimiento.