11 de noviembre de 2014

Buzón de los ciudadanos. Otra trampa a la participación política


Los partidos políticos son, y seguirán siendo, piezas fundamentales para garantizar el funcionamiento racional de las instituciones políticas. Pero ello no debe ocultar –ni debe justificar- lo que en una reciente entrevista denunciaba el presidente del PP de Guipuzcoa, mi amigo Borja Semper: “Los partidos políticos tienen demasiada influencia en España y en la sociedad española”.  Una influencia que coarta la singularidad de quienes militamos activamente en un partido político, o simplemente desean ejercer los derechos de participación política que les reconoce el artículo 6 de nuestra Constitución, a través de organizaciones donde el funcionamiento democrático sea efectivo y real.
La perdida de prestigio y de arraigo social de las instituciones públicas, que incluye la evidente y creciente desafección de la ciudadanía hacia las mismas y hacia nuestros representantes políticos, ha sido alimentada por unos partidos políticos con estructuras de poder resistentes y “arbitrarias”, mediante su capacidad para intervenir en la designación de las personas que forman parte de todas las instituciones publicas, y que ponen en grave riesgo el sistema de representación política del que nos dotamos hace ya más de treinta y cinco años.
Ante un eventual nuevo ciclo político, un nuevo escenario que nada tiene que ver con lo que hasta ahora hemos conocido, estamos obligados a repensar nuestro sistema político. Porque mientras estamos en la lucha partidista estéril para solaz de los (cada vez menos) acólitos, seguimos dejando de lado lo importante: la democratización y modernización del sistema político español.
Todas las encuestas, no sólo las electorales, sino las de carácter cuantitativo, nos dibujan un escenario distinto donde lo menos aconsejable es la inacción y la indiferencia, ante la flagrante desafección hacia la política y hacia las instituciones. Reconstruir los vínculos con la ciudadanía y con electorado potencial de cada partido, es la tarea inexcusable si no queremos acabar en la “italianización” de nuestro escenario político.
Para despejar ese escenario, ante la caída vertiginosa del apoyo popular al PP, la estrategia posible que le devuelva la iniciativa sólo puede ser una: la participación de sus bases. Percival Manglano lo expresaba claramente en un reciente artículo: “los programas electorales del PP para el año que viene deberían ser extremadamente participativos, con programas de consulta y aprobación de propuestas hechas por los militantes. Y, muy importante, con votaciones. Los militantes deben poder proponer y también votar”.
Participar no es proponer ideas y propuestas para el programa electoral. Participar no es llenar un buzón. Participar es intercambio que acumula "expertise", que genera debate como factor de igualdad. Es tratar a los votantes como adultos, que se les pregunte su opinión y que se escuchen sus respuestas en debates donde se intercambien argumentos, y no eslóganes.