3 de marzo de 2014

La sanidad asturiana. No, no es un problema de financiación... ni de envejecimiento

El Gobierno de Asturias va estos días de descubrimiento en descubrimiento. Al "gran hallazgo" de que tenemos un problema demográfico, se une ahora la constatación de que nuestra sanidad tiene que atender a una población más envejecida, lo que supone un incremento de los costes que son necesarios cubrir. Estas "hallazgos" sirven a la Consejera de Hacienda para afirmar -con desparpajo y elocuencia- que los recursos que reciben las autonomías "son insuficientes para financiar las necesidades del gasto". En base a ello -a través de un documento que no es público, ¡viva la transparencia!-, acusando al modelo actual de una aportación decreciente de recursos que provoca la insuficiencia financiera, aspiran a que la reforma de la financiación autonómica suponga más recursos para las comunidades.

Esta deriva populista no es sino el resultado de un sistema de financiación -y de sus gestores al frente- que da por hecho la condición ilimitada del dinero, jalonado todo ello con la afirmación de "no tenemos un problema de gastos sino de ingresos", para seguir en en lo mismo: que el punto de partida de la financiación autonómica sean las necesidades autonómicas y no la responsabilidad fiscal de recaudar lo que se gasta, y dar explicaciones por ello. Por eso, poco le importa al Gobierno de Asturias que el gasto público per cápita  de la región supere en un 42% al de Murcia, pese a que el PIB de esta última es un 12% inferior al de la primera. Tampoco parece importarle que desde el año 2003 el gasto público el Estado haya crecido 180.000 millones de euros, que jamas España haya recaudado más de 413.000 millones de anuales o que estemos gastando 60.000 millones por encima de los ingresos fiscales de la época de la burbuja. ¿De donde propone la señora Consejera que salga la mayor financiación -o simplemente mantener la actual- que reclama? ¿De más impuestos o de mayor deuda?.

Los socialistas asturianos -en su empecinada postura de acrecentar los daños provocados por el sistema de finaciación actual- niegan dos evidencias fundamentales: 1) que las comunidades autónomas van a tener que reducir mucho más sus gastos porque siguen gastando más de lo que ingresan y 2) que los problemas de los costes de la sanidad vienen de mucho antes de que nuestra población envejeciera. Los malos resultados de ahora son consecuencia de decisiones que se tomaron hace tiempo, de plantear la discusión en el eje público/privado -y no desde la perpectiva buenos/malos resultados-. de no centrarse en el "tiene que funcionar, sea público o privado", de mantener el modelo actual de asistencia, basado en repetidas visitas a la consulta médica -mayoritariamente presenciales- que es insostenible -aparte de incómodo y poco efectivo-, de no controlar productividades... y de redactar contratos-programa cuyos objetivos distaban mucho de perseguir esto fines. Y ahora, los responsables de esas decisiones se agarran a las necesidades de la población de mayor edad para denunciar la insuficiencia de los recursos. No, no son insuficientes: están mal gestionados y asignados. ¿Para que necesitamos un Servicio de Salud y una Consejería de Sanidad? ¿En que calamitosa situación se encuentran actualmente las listas de espera?

Pero el mayor deficit está en que nadie aborda la necesidad de que nos eduquemos en la responsabilidad individual. Con el caracter social que se quiera, pero como base de un sistema donde las responsabilidades sean identificables y cuantificables. Que sean las decisiones del ciudadano las que determinen la calidad y existencia de los centros públicos -mediante el sistema de area única y libertad de elección-. Ese debe ser el paso que lleve a que la Administración cambie sus prioridades, y que se centre en regular la provisión de los servicios, y no tanto en proveeerlos directamente. Esto reducirá su tamaño, permitirá concentrar funciones y concetrar el gasto en los que realmente lo necesitan en nombre de la responsabiliad, no siguiendo incrementando la cuenta del gasto en nombre de las 'necesidades regionales', que pese a que pretende que sean lo mismo, no lo son, ni mucho menos. Y es que, como reflejaba ayer la editorial de La Nueva España titulada El cambio que Asturias necesita, debemos dejar de lamentarnos y preguntarnos cuanto dinero va a recibir Asturias de esta o aquella administración, para empezar a preguntarse cuanta riqueza puede general la región con su inteligencia y capital humano. Porque la properida de una región no se deriva del reparto de fondos públicos, sino de la generación de fondos privados.