26 de febrero de 2014

Los socialistas descubren que Asturias tiene un problema demográfico

¡Albricias! Tras 30 años gobernando, los socialistas acaban de descubrir que Asturias tiene un problema demográfico. Ahora que su despilfarradora gestión, sus fracasadas políticas y su absoluta inacción ante la crisis les pone frente a la tesitura del final de la fiesta del gasto -generado con ingresos extraordinarios- se sacan de la manga la necesidad de que se financiaen los servicios públicos derivados de los problemas demográficos a los que no han prestado atención en las tres últimas décadas. 

Los socialistas han permanecido ajenos a la modifición de la estructura de edades de la región, mientras navegaban acomodados en la financiación subvencionada que sólo tenían que preocuparse en gastar, sin dar explicaciones ante la ausencia de responsabilidad por haberlo recaudado. ¡Un chollo!, una auténtica bicoca política donde el victimismo era el caldo de cultivo para exaltar las necesidades que era perentorio cubrir y que electoralmente tenía un alto rendimiento. 

El resultado de todo ello es que, tras 30 años exaltando necesidades (la siderurgia, el carbón, las infraestructuras...), resulta que seguimos en la misma posición en el orden de las regiones españolas por renta per cápita que en 1955 o que en 1975. En resumen, este sistema de que se nos financien las necesidades ha supuesto un rotundo fracaso que ha fijado a Asturias en su pobreza relativa frente a las regiones más ricas. Por ello, el invierno demográfico que se nos viene encima, lejos de ser excusa para afianzar un sistema de financiación fracasado, debe provocar que acabemos con la tarta de la financiación autonómica para dar paso a unas Autonomías responsable para una financiación responsable.

 Por lo demás, la política demográfica socialista en nuestra región no ha sido más que gregarias de los mostrencos postulados socialdemócratas: no plantearse nunca la cuestión  y si alguna vez roza su conciencia, se encomienda pseudoreligiosamente al crecimiento económico y el progreso tecnológico para hacernos creer que cuando alcancemos la mitad del siglo seremos tan ricos y tecnológicamente avanzados que podremos permitirnos mantener a un jubilado con lo que produce un trabajador. Baste recordar aquel especial que el periódico El País, en diciembre de 2010, dedicaba a Asturias con el pretencioso título 'Del carbón al ratón', a mayor gloria del Gobierno socialista -publicidad institucionalmendiante-, que de desgañitaba en alabanzas a "la consecución de una década de transformación económica y social" (sic). Las cifras de hoy desmienten aquel ejercicio de autobombo pagado por todos: 364.900 ocupados para 298.700 pensionistas y 104.500 desempleados.

Que no exista en la Historia ningún precedente de crecimiento económico en una sociedad con un capital humano declinante -y eso que nuestros insostenibles de estados de bienestar son recientes- o que en las tres últimas décadas, el crecimiento de la población haya producido entre la mitad y dos tercios de todo el crecimiento económico en los países industrializados, ha sido ignorado conscientemente por quienes nos han gobernado durante las tres últimas décadas en Asturias, que han preferido permanecer entregados a la inercia del paradigma neomalthusiano o, simplemente, a la pereza mental subvencionada por el reparto de la tarta autonómica.

El deterioro económico-demográfico provocado por la baja natalidad ha sido ignorado, y el inevitable retroceso -no ya sólo psicológico, sino real- escondido durante décadas detrás de ingentes cantidades de dinero público que se han dilapidado en crear una economía irreal -subsidiada, de burbuja-, en lugar de ser destinados a que la plena incorporación de la mujer al mercado laboral fuese un revulsivo demográfico -en lugar de un lastre-, a que el hecho de ser padres no padezca la creciente "penalización" económica que sufre o a reconsiderar las políticas anti-inmigración -ante la evidencia de que la inmigración resulta inevitable ante una sociedad que envejece-. En definitiva: ni una sola actuación ni política seria para atajar el crecimiento vegetativo negativo que lleva 30 años lastrando nuestra población y nuestro desarrollo económico.

Y ahora resulta que, no sólo hay que seguir financiando esta incompetencia, sino que encima hay que poderarla para que Asturias perciba aun más financiación. Todo lo contrario: la financiación basada en la poderación de las necesidades autonómicas debe desaparecer pasar a ponderar los compromisos y la responsabilidad de sus gobiernos. Compromisos  y responsabilidad para desarrollar inicitativas desreguladoras y de liberalización de la economía, de reducción del gasto, de reducción selectiva de impuestos -que sean el imán que atraiga población- y sobre todo, de que los responsables públicos dejen de tratar a la paternidad como una opción personal más -a la que sin embargo se castiga a soportar en free riding- y se reoriente la función redistributiva del Estado de Bienestar hacia el fomento de la natalidad.