2 de noviembre de 2013

El gallinero

El sentimiento de vergüenza es el único posible ante la situación que se sigue manteniendo en el ámbito político de Asturias. Cada nueva noticia es un nuevo acto de esta interminable ópera bufa, ejecutada por actores que, amparados en sus organizaciones política, se guían por su afán revanchista, abrazando a su peor enemigo para poner el solfa sus más ancestrales y caducos prejuicios, con el único objetivo, ahora reforma electoral mediante, de ganar cotas de poder y aliarse con quien más le conviene. Dejaré para otra entrada de este blog entrar en profundidad sobre la reforma electoral propuesta. Lo que sí hay que dejar claro, para que el engaño no enraice, es que reforzar el sistema proporcional solo refuerza un sistema de políticos de partido que obedecen a la disciplina de partido. Refuerza, en definitiva, el sistema partidocrático, en el que algunos dijeron entraban a regenerar, y ahora dentro, pretende reforzar para habitar cómodamente en él. Refuerza, en definitiva, un sistema político jerárquico agotado, que contrasta con las demandas ciudadanas cada vez más extensas y con más formación e información, que dicen basta a que la delegación política se extienda sin que haya rendición de cuentas, y que reniega de adoptar una posición pasiva y resignada.

El resultado, por todos conocido, es la carencia de un liderazgo para administrar nuestro región, que nos priva de unas propuestas consistentes, que pone en evidencia la falta de criterio en cuestiones de fondo y una falta de perspectiva global muy notable, que pretende taparse con discursos basados en el victimismo exculpatorio característico de los acomplejados políticos, que procuran apartar de si cualquier culpa de la situación que vivimos. Entre acusaciones cruzadas de pactos incumplidos, lo único tristemente relevante es que Asturias y sus problemas siguen siendo ignorados.

Tal degradación de la vida política requiere de inmediato el establecimiento de un consenso que, primero, no debe substituir las responsabilidades propias ni la asunción de los errores cometidos y, segundo, no debe convertirse en objetivo único de la acción política. Desgraciadamente quienes fallan, ensimismados en sus cargos orgánicos, exudando personalismo, son los actores políticos de la región, que se niegan a que Asturias sea una sociedad abierta con debate plural. Una Asturias donde una sociedad horizontal, con más cercanía cognitiva, sea el actor determinante para solucionar los problemas de la región, ante el fracaso estrepitoso del actual modelo, que ha degradado el parlamentarismo y el dialogo que deben prevalecer. De nada sirven ahora los llamamientos a los encuentros y las reuniones, que sólo servirán para seguir constatando que no hay acuerdo. De poco sirve esa vía para, a renglón seguido, decirle al ciudadano que es el de en frente el que no quiere ponerse de acuerdo. Ante tan estrepitoso fracaso, el consenso se ha de generar en la propia sociedad, desde la base, como única vía para la regeneración.

Deben volver el discurso y la acción política para desterrar, de una vez por todas, este gallinero lleno de exabruptos, descalificaciones, insultos y de supuestas conspiraciones y contubernios. Debemos apartar de la vida política de nuestra región a todos aquellos que compartan la opinión de que "todo partido que está en una institución persigue el objetivo de ocupar el gobierno".

Un partido político no debe ser una organización volcada sólo en ganar las elecciones, y mucho menos una organización sustentada en la obsesión del desquite. Eso hay que rechazarlo completamente. Si uno se deja llevar por esas obsesiones ya no es capaz de pensar ni actuar libremente. Un partido político debe estar preparado para estar en el gobierno y también para estar en la oposición, y además de ser capaz de hacer oposición, también tiene que tener capacidad para llegar a pactos con el Gobierno. Si no se hace eso, se está creando una organización sin fundamento ni estructura que no puede ofrecer alternativas serias y creíbles. Para ello, un partido político debe ser una organización abierta, plural y dinámica, donde prime el debate abierto sobre la imposición del argumentario; donde el ejercicio libre de la política permita a todos competir abiertamente, desterrando las leyes de hierro que tan bien describió Robert Michels en el ya lejano 1911.

Si la situación actual, por poco que pueda gustar, ha puesto al PSOE en la tesitura de ocupar el Gobierno de Asturias, debe ejercitarla de manera seria y responsable bajo las premisas anteriormente expuestas tratando de darle una perspectiva global a los problemas y con el objetivo de dotar de estabilidad a la institución en la que se está ejerciendo la representación popular. Con igual objetivo, la oposición debe trabajar desde su posición en esa línea, tratando de mejorar las propuestas del gobierno con propuestas propias, complementarias, serias y, en cualquier caso, no destructivas. Pero sobre todo unos y otros, no deben ofrecerse como instrumento, ni ponerse en la situación de ser rehén, de los democristalinos y salvapatrias que pretenden quitar y poner a su antojo, según sea la contraprestación que reciban a cambio. Lo contrario reflejará desorden interno, ideas confusas y falta de proyecto, acrecentando el hartazgo de los asturianos, que contemplan este gallinero a garrotazos goyescos, este barco con una vía de agua con su tripulación en cubierta matándose a palos, mientras los problemas reales de la región siguen siendo ignorados.