4 de enero de 2013

¡Basta ya de esconderse detrás del carbón!

Vuelven a revolver las aguas del carbón de Asturias quienes se han instalado en la mentira como norma de acción política para ocultar la nefasta gestión de la reconversión de la industria extractiva del carbón.
 
Basta de mentir a los asturianos y a dar falsas esperanzas: el futuro de la minería del carbón en Asturias es de sobra conocido, porque su camino ha sido trazado hace tiempo. Un camino con el que los socialistas, que ahora tanto braman en la búsqueda de un futuro para el sector, fueron anuentes. Sólo desde el más burdo electoralismo se puede mantener, como lo hace el Gobierno de Asturias, la negación a asumir que el final de la minería del carbón en España y Asturias es un proceso irreversible. Tan sólo se mantendrán unas pocas explotaciones (siguiendo criterios de costes de extracción y calidad del producto) que serán declaradas "estratégicas".
 
En ese camino trazado estaban los "fondos mineros" para reindustrializar las comarcas mineras y generar empleo alternativo. La reindistrualización ha sido imaginaria, la generación de empleo inexistente. Parcheos de infraestructuras, establecimientos hosteleros, polideportivos sin uso, centros de interpretación de lo minero y lo no minero, museos de lo más variopinto, polígonos industriales yermos de ocupantes y la propaganda y la promoción están a la vista; pero no han logrado, ni de lejos, cumplir el objetivo para el que fueron creados los fondos mineros. Y lo que es más grave: en muchas ocasiones se han utilizado para ejecutar inversiones que las administraciones debieran haber hecho con sus propios recursos. La demoledora comparación entre empleo perdido y empleo creado no admite discusión: 50-60% frente a 4-6%.
 
Quienes ahora anuncian nuevas movilizaciones sindicales, y quienes las apoyan desde sus puestos en los gobiernos locales y regional (actores todos ellos de la construcción de semejante desastre) deberían asumir su responsabilidad y dejar el descaro y la elocuencia pidiendo al Gobierno de España que revise y negocie el próximo Plan del Carbón. Ese planteamiento manifiesta la solapada intención de erigirse en "hacedores" de acuerdos del carbón que falsariamente salvan el sector, para seguir, de ese modo, soslayando su responsabilidad en el inane proceso de reconversión.

La resignación de quienes pretenden seguir gobernando Asturias bajo el letargo del subsidio, el sueño de la prejubilación y la cultura del mínimo esfuerzo no debe abocarnos a renunciar a una alternativa real, con políticas nuevas y diferentes a las fórmulas fracasadas y agotadas. Por ello, hay que exigirle al Gobierno de Asturias que actúe, que ponga encima de la mesa nuevas políticas e iniciativas propias, y deje de atecharse esperando a que la crisis y la decadencia de nuestra región desaparezcan, como quien espera que la tormenta escampe.

Asturias debe ser emprendora, o no será. Nuestra región tiene que hablar de cuestiones modernas y de futuro como la innovación, las nuevas tecnologías, la reducción de CO  o la “economía verde”. Tiene que ser una Asturias totalmente distinta a la que nos ha tocado vivir, donde los jóvenes creen empleo en vez de buscarlo, una Asturias atractiva para invertir. La cultura de "la fabricona" como columna vertebral de nuestra economía regional es un capítulo pasado de la historia de Asturias, que debe afrontar el futuro abriéndose hacia el exterior y dando un giro de ciento ochenta grados en el rumbo que hemos seguido destruyendo empleo en lugar de crearlo.