6 de septiembre de 2012

Funcionarios para el presente y para el futuro

En las dos anteriores entradas de este blog hago referencia a la necesidad de una reforma en la administración que contemple la profesionalización de la función pública, para que sea mas independiente y que se adapte a los cambios de presente y futuro que los servicios públicos deban afrontar.

Asturias se enfrenta estos días a las protestas de los funcionarios de la educación y la sanidad, derivadas de los ajustes que son necesarios efectuar para corregir el desfase del déficit y deuda que arrastra las arcas del Principado.

Lejos de ser ajustes temporales, para salvar los muebles y cumplir el objetivo del déficit marcado por el Consejo de Política Fiscal y Financiero, las modificaciones y ajustes de la función pública deben tener vocación de permanencia. La administración tiene que aspirar a prestar los servicios públicos con un nivel adecuado de eficiencia. Alguien podrá decir que no existe -o aún no se ha inventado- un sistema para optimizar las organizaciones administrativas. Bien, desde luego lo que podemos asegurar es que aumentar sin límite los recursos destinados a un servicio público no es la garantía ni de su eficiencia ni del mantenimiento de los derechos de los ciudadanos asociados a ese servicio público. Porque lo que si se sabe es que existe un umbral a partir del cual más recursos no implican necesariamente mejores resultados, y ese es el momento en que hay que reducir el presupuesto asignado. ¿Cuanto hay que reducir?. Hasta el punto en el que falla por una evidente falta de recursos.

Y lo que si ha quedado demostrado después de años de gestión, basados en la inyección sin límite de recursos, es que nuestra administración autonómica ha sobrepasado ese umbral a partir del cual se supera la cantidad óptima de gente para prestar un servicio público. 

No critico a los que ahora protestan por defender su puesto de trabajo, critico a los que teniendo las responsabilidad de gestionar los recursos públicos puestos en sus manos por los ciudadanos, se guiaron por el camino del despilfarro y la ineficiencia a la sombra de la teoría de que un mayor número de funcionarios asignados a un servicio público garantizaba un óptimo funcionamiento y la garantía de los derechos de los ciudadanos asociados a ese servicios. Critico a los que siguen defendiendo de manera populista ese postulado, mientras escurren su responsabilidad y la derivan a los que han venido a poner orden y sensatez a semejante desaguisado, modernizando el cuerpo funcionarial, dotándolo de mas eficiencia, de más transparencia, de más democracia, optimizando los recursos, interviniendo menos y respetando más la libertad de los ciudadanos, considerando al administrado como un cliente y servirle como tal.