26 de abril de 2012

Sobre la propuesta de fusión de Ayuntamientos


Bien entendido, el proceso de formación supra-municipal debe perseguir, en primer lugar, el acercamiento de la administración al ciudadano, con lo que la eliminación de las unidades municipales menores para constituir una única, daría resultados totalmente contrarios. Lo que el ciudadano reclama es un servicio cercano y eficiente.

En todos los países comunitarios hay experiencias que revelan el interés suscitado por la necesidad de adaptar la organización del territorio intra-regional a la nueva situación derivada de los procesos especiales: problemáticas de las áreas rurales, reducción del gasto público, mejora de la accesibilidad en general y cambios en los sistemas de transporte y relación. Estas experiencias pueden resumirse en dos objetivos preferentes: la necesidad de realizar una reforma en profundidad de la organización administrativa del territorio y la coordinación de la acciones territoriales. Y no es casualidad que pueda señalarse que una de las características comunes de todos los procesos de reforma realizados es que los asuntos que suelen abordarse son tres: la modificación de las demarcaciones municipales, la ampliación de competencias del propio municipio y la financiación.

Una descentralización flexible parece ser la mejor forma de conseguir una mayor adecuación entre los servicios ofrecidos y la satisfacción de necesidades, adaptándose a las preferencias locales y a los requerimientos de la comunidad, aprovechando además las potencialidades de cada municipio.

Una definición de objetivos por el bien comúnun solo municipio no puede abarcar la industria, el turismo, la cultura, etc. De este modo se logra fortalecer el papel de los Ayuntamientos. Ademásal proponer la agregación de municipios se olvida que diferentes funciones de servicios públicos tienen diferentes umbrales económicos determinados en gran medidas por las diferentes áreas espaciales, físicas y geográficas.

Existen una pluralidad de administraciones que confluyen en el mismo ámbito territorial (estatal, regional y local) en dos niveles (provincial y municipal), cada una de las cuales posee competencias propias que conducen, en realidad, a una dialéctica de unidad y competencia. Por ello, un modelo de coordinación constituye la alternativa para integrar los esfuerzos de todos los entes implicados, que solo podrá llevarse a cabo con una acción integradora en la que confluyeran planes municipales y provinciales, planes operativos, transfronterizos y sectoriales y los fondos de cooperación local. La elaboración, en fin, de un modelo territorial de coordinación y desarrollo que se caracterice por los siguientes principios:

  • Un principio de solidaridad que garantice la actuación en las áreas con mayores déficits, tratando de primar las inversiones a su favor.

  • Un principio de complementariedad que delimite las áreas de actuación no coincidentes, o que regule los solapamientos que puedan existir.

  • Un principio de agregación territorial que determine aquellas actuaciones susceptibles de una mayor eficacia al considerar como ámbito de actuación áreas de mayor amplitud al propio territorio municipal.

  • Y un principio de desconcentración administrativa y una mayor sencillez de los mecanismos de gestión, que deben ser objetivos comunes de todas las Administraciones Públicas.

En un mundo de ciudades, en una economía internacional, en una sociedad que aspira al contacto con la naturaleza, en un sistema urbano competitivo en el ámbito europeo y aún mundial, los espacios urbanos constituyen los nodos internacionales sobre los que pivotan las redes globales especializadas. Pero esas ciudades -que no tienen por que ser grandes, incómodas e inhumanas aglomeraciones- han de alcanzar un determinado umbral para ser competitivas. Y con esta visión adquiere carta de naturaleza la constitución de grandes regiones metropolitanas, o áreas metropolitanas o como quiera llamarse. Áreas que aspiren, con esta perspectiva, a ser polos urbanos y económicos del eje atlántico (Vigo-Bilbao). Piénsese en el potencial empresarial e industrial que acumulan los diferentes polígonos industriales, en el valioso instrumento que es disponer de un aeropuerto, en el tráfico que los puertos puede generar, en el potencial turístico del conjunto -no de cada uno por separado- en el valor patrimonial e histórico del área. Piénsese en  el potencial demográfico, en esa realidad urbana intermedia de pequeñas ciudades, en los servicios y en los equipamientos, piénsese en lo que se quiera, la suma siempre dará un balance positivo.

La explotación conjunta de estas potencialidades, bien encauzada, puede configurar un espacio urbano difuso bien distinto de las concentraciones al uso, concentraciones que están generando des-economías que empiezan a restar valor a las economías de aglomeración.

Y por ello solo aquellos que,  dispuestos a reforzar la cooperación, a saber ceder y a evitar que ninguna ciudad quiera centralizarlo todo, establezcan dentro de un marco único líneas de complementariedad y especialización que conlleven la consecución de proyectos comunes, son los que lograran desarrollar un proyecto con garantías de éxito que configure un espacio para la asociación, la cooperación y la participación. Con unos Ayuntamientos con estructuras reducidas y simplificadas, que faciliten el desarrollo económico y social, que colaboren con el resto de las Administraciones en la prestación de servicios integrados, y sobre todo, que permita colocar a los ciudadanos en el centro de su actuación y que permita un margen suficiente para el establecimiento de políticas propias. Ayuntamientos donde se de un nuevo impulso a la democracia y la transparencia. Así podremos hacer ese cuadro colectivo que prefigure Asturias como vértice estratégico del norte de España, mirando sin miedo al mundo moderno y al siglo XXI.