miércoles, 27 de marzo de 2013

No mientan, esto no es transparencia

Voluntarioso es el calificativo que mejor encaja para definir el intento del Gobierno de Asturias de elaborar la primera ley de transparencia tras treinta años de gobierno en esta región. Arrastrado por la moda del vocablo lleva meses vendiéndonos un coctel en el que ha decidido mezclar transparencia, gobierno abierto y administración electrónica. El resultado, una vez bien agitado, es un elixir que, adornado con la triple guinda de la demagogia, el buenismo y el falso voluntarismo, es cualquier cosa menos algo que se parezca a mejorar la calidad democrática de los ciudadanos.
El primer y más decepcionante punto del planteamiento del Gobierno de Asturias en su proyecto de Ley de Transparencia es la absoluta ausencia de mención a internet o a la aplicación de una agenda digital o, simplemente a la aplicación de la Agenda Digital Española. No hay, o no se anuncia, una estrategia en telecomunicaciones y sociedad de la información tendente a implantar una interoperatividad real de los sistemas informáticos mediante el despliegue de redes que soporte tanto los servicios de la administración como a los simples usuarios. Ni una palabra, en definitiva, de la eliminación de la brecha digital que existe en la región.
A la par, en el nivel de decepción, está ese cajón de sastre donde pretende meterse, en forma de Ley, "transparencia, buen gobierno y administración electrónica". En aras a no confundir al personal, y básicamente en no venderle motos (cuestiones doctrinales a parte), cada uno de ellos debería ocupar su espacio legislativo propio.
Nos venden apertura de datos como transparencia
Miren, no. Poner a disposición del ciudadano toneladas de datos, siendo condición necesaria para la configuración de un Gobierno transparente, no es suficiente. Datos y más datos parciales y sin contextualizar ni mejoran la calidad de la democracia ni suponen mayor garantía de participación del ciudadano en la cosa pública, cuestionando y participando en la actividad política.
Administración electrónica no es Gobierno abierto, ni transparencia
No, por más que se lo pinten de colores, que los procesos administrativos se tecniquen y se apliquen las nuevas tecnologías no es reflejo ni de transparencia ni de Gobierno abierto. A ustéd le facilitará la vida en su relación con la burocrátizada administración, pero nada más. Gobierno abierto es poner en el centro de atención el resultado con independencia del procedimiento, y es, a la vez, asumir cambios culturales, organizativos y de formas de relación entre administración y administrado para que este último sea el protagonista de la acción política y actor de la misma. Además Gobierno abierto es, no sólo la acción y colaboración del Gobierno con el ciudadano, tiene que ser además un espacio de colaboración inter-gubernamental, con la sociedad civil y con la empresa privada y los emprendedores. Por tanto, mientras en esa anunciada Ley no se establezcan esos espacios de actuación y colaboración de "Gobierno abierto" sólo tendrá el título.
Transparencia no es exhibicionismo
Le digan lo que le digan, que un político haga pública su nómina no es un ejercicio de transparencia, es un deber para con quien se la paga: usted. Quien nada tiene que ocultar nada tiene que temer, y por tanto los alardes por partes de los partidos, haciendo públicas las nóminas que sus cargos públicos perciben del erario público, son un puro ejercicio de exhibicionismo, narcisismo de la pequeña diferencia. El sueldo del político tiene que ser transparente y digno, como el que percibe cualquier persona que trabaja y que tiene necesidades que satisfacer. Pero también, y por tratarse de servidores del pueblo, elegidos por el pueblo y responsables del bien común del pueblo, deben asumir un compromiso de trabajo a cambio de ese sueldo. Eso es lo que dignifica la política.
Podrá comprobar el lector que, con todo lo descrito hasta aquí, el panorama es absolutamente desalentador. Más allá del enunciado de los conceptos, a mayor gloria de las moderna progresía que nos gobierna, se demuestra que la transparencia les da miedo. Porque mientras nos venden su falsa democracia cristalina, las acciones de Gobierno se seguirán tomando al margen del principio máximo que debe inspirar al Gobierno que predique de si mismo que es abierto y transparente: la participación consistente y la codecisión. Eso es transparencia, es política; lo demás un timo.

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martes, 26 de marzo de 2013

Otra política de internacionalización es posible... y necesaria

El Presidente de Asturias de visita en el Canal de Panamá
Concluía el pasado fin de semana la visita de nueve días de la misión comercial organizada por el Gobierno del Principado de Asturias con el sano propósito de abrir las puertas exteriores a las empresas regionales en centro-américa.

Colombia, Panamá y México se encuentran en los puestos más altos de la clasificación de las economías emergentes que despuntan en el mercado globalizado mundial, que la izquierda que gobierna esta región denosta de palabra predicando las "grandes calamidades" que provoca a la economía, mientras encabeza misiones comerciales para aprovechar las oportunidades que ofrece. Así es esta izquierda aturdida y sin rumbo, que brama por la defensa del carbón autóctono y a la vez viaja a Colombia -quinto exportador del mundo del carbón, que constituye el 85% de su comercio hacia el exterior- para ofrecerle el puerto de Gijón como puerta de entrada de sus productos a Europa.

La crítica a los viajes institucionales debe trascender de la simple crítica por el hecho de que la promueva al adversario político, y aportar una verdadera dimensión de su utilidad. La cuestión está en "el qué" o si lo prefieren el "para qué" de estos viajes institucionales en los que, es cierto, las empresas asturianas aprovechan para estrechar lazos comerciales. Esa es su función y esa visión global es la que Asturias necesita para dejar de estar ensimismada y mirar más allá de sus fronteras para buscar sus oportunidades.

Sin embargo el planteamiento sigue siendo erróneo. Un Gobierno como el de Asturias, con el sello de socialista, que predica que España precisa de un cambio de modelo económico y que critica, día si y día también, la burbuja inmobiliaria que nos trajo hasta aquí, no puede ir a vender ese modelo fracasado a las economías emergentes. Internacionalizar la economía asturiana no es buscar en el exterior una solución a lo que aquí ya no funciona como medida transitoria a su resurgimiento. Aquella "boyante" actividad económica basada en el ladrillo no volverá, o no debería volver, si es que realmente hemos asumido las enseñanzas de lo ocurrido en esta crisis.

En Asturias no podemos seguir en el "más de lo mismo". Nuestra región debe pasar página al modelo socialista de los últimos treinta años donde, pese a todos los esfuerzos y la mucha palabrería, hemos recorrido un lento camino de declive que nos ha traído a la cifra record de desempleo. Asturias debe configurar una nueva economía regional basada en el emprendimiento. Asturias debe ser emprendedora o no será. Y para alcanzar ese objetivo es imprescindible que ese nuevo modelo que pretendemos internacionalizar lo construyamos antes aquí, dejando de mirarnos el ombligo y, como dije antes, mirando hacia el exterior.

Asturias no es una región exportadora. Fuera de las cifras de las grandes empresas como ARCELOR, Asturiana de Zinc o Duro Felguera, entre otras, las exportaciones de las PYME asturianas están muy por debajo de la media europea. Y la media es mala: sólo un 25% de las PYME europeas exportan a países comunitarios y soló un 13% lo hace fuera de las fronteras de la Unión Europea.

No perder el tren de la internacionalización es un objetivo común. Pero para que eso suceda la internacionalización de nuestras empresas debe basarse en tres pilares fundamentales:
  1. Una política de clústeres donde empresa y Universidad vayan de la mano, dondel el I+D+i se enfoque a proyectos comunes de esos dos ámbitos y donde el clientelismo político deje paso a los criterios empresariales. La internacionalización está ineludiblemente vinculada con la innovación, a la innovación que debemos construir aquí, fusionando la potencialidad del mundo empresarial y el de la investigación, para escalar cotas en el mercado global.
  2. La política respecto a la Unión Europea es un aspecto inevitable cuando se habla de internacionalización. Nuestra presencia en Bruselas, con la megalomaníaca sede institucional provista de despacho presidencial, se ha circunscrito en exclusiva a la representación en el Comité de las Regiones. Las oportunidades que los diversos programas europeos ofrecen para la innovación y para la internacionalización para las empresas y para la Universidad asturiana deben focalizar la acción de nuestra representación, constituyéndose en un auténtico lobby asturiano.
  3. Los asturianos en el exterior deben ser nuestra cabeza de puente para internacionalizar nuestra Asturias emprendedora. Son nuestro mejor activo para conocer lo que ocurre y se prepara en el mundo globalizado en el que vivimos. Para ello debe establecerse un mecanismo permanente de contacto con todos esos asturianos repartidos por el mundo que acumulan una importante experiencia profesional y empresarial del más alto nivel, que nos ayudará a trazar las estrategias necesarias para que la región emprendedora que debemos ser, proyecte su potencial hacia el exterior.
El cimiento de esos tres pilares debe ser la implicación de la acción internacionalizadora de Asturias en la marca España como vía eficaz de penetración en los mercados exteriores, que a la vez pone al servicio de los exportadores e inversores la imagen de un país de excelencia en todos los ámbitos. Los tiempos de ejecutar acciones individualizadas, tanto en el mercado interior como en el exterior, han demostrado que lejos de ser eficaces, abren aún más la brecha territorial y económica de nuestro país. Cuando la situación del mercado interior, repartido en diecisiete territorios, resiente la propia economía nacional, similar atomización de las acciones internacionalizadoras suponen un esfuerzo estéril, y el dinero público destinado a ello un dispendio que no nos podemos permitir bajo ningún concepto.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Nueva concertación, mismas políticas fracasadas

 
El pasado fin de semana se firmaba dicho acuerdo de concertación sin que se haya cambiado el concepto de lo que hasta hoy se sigue presentando como acuerdos, como consensos, como pactos sociales; y que siguen siendo, en realidad, la expresión de un mero reparto de subvenciones o fondos, sin compromisos reales en la dirección de generar prosperidad para Asturias.
 
Dice el Gobierno de Asturias que el hecho de que sea "habitual" la firma de acuerdos de concertación no debe hacer que éstos sean objeto de "olvido o menosprecio" dado que tienen una importante significado en un momento "tan difícil" como el actual.  ¿Que significado?. Ni es este momento ni en otro se ha logrado ningún objetivo de los anunciados (y nunca evaluados). El resultado esta a la vista de todos: Asturias ha alcanzado una cifra histórica de desempleo con más de 100.000 personas sin trabajo. Quizá algo se haya hecho mal en esos sucesivos pactos de concertación y debería revisarse, pero lo único que se hace es reeditar pactos y políticas que han sido un sonoro fracaso.
 
Abunda más el Gobierno de Asturias y dice que el pacto con sindicatos y empresarios pone en valor la capacidad de entendimiento de las partes para acordar un texto que es "una declaración contra la resignación y el abatimiento" que a dar una salida "diferente" a la crisis.  ¿Salida diferente?. Lo que aquí se concierta trae más de lo mismo: empleo precario, "ladrillismo" y como resultado final personas que, tras un breve espacio de contratación bajo el paraguas de la administración, vuelven a engrosar las listas del paro. No hay en ello declaración alguna contra la resignación y el abatimiento. Lo que si hay es una incapacidad total para acometer la autocrítica y asumir la responsabilidad en el fracaso de una concertación que no ha aportado nada a la generación de actividad empresarial y a la creación de empleo estable (salvo en la administración, claro).
 
Para rematar el Gobierno de Asturias dice lamentar que una iniciativa similar no se haya firmado a nivel nacional, apuntando que la concertación lanza a la sociedad "una señal nítida de estabilidad frente al justificado desasosiego de los ciudadanos" y constata la capacidad del Gobierno asturiano "de ofrecer una alternativa política al discurso único de la austeridad abrasiva". ¿Señal nítida?. ¿Alternativa?. Estas palabras sólo evidencian una cosa: que el único objetivo del Gobierno socialista de Asturias es hacer oposición al Gobierno de España. La alternativa a una fracasada concertación es plantear nuevos objetivos y nuevas políticas, no persistir en el error y buscar culpables fuera. Lo verdaderamente abrasivo es no tomar una dirección avalada por objetivos concretos y cuantificables en busca del incremento la actividad económica, el empleo y el dinamismo de nuestra sociedad. Lo verdaderamente abrasivo es seguir en el tiempo de pedir y no dar, en lugar de dar para exigir.
 
 

viernes, 4 de enero de 2013

¡Basta ya de esconderse detrás del carbón!

Vuelven a revolver las aguas del carbón de Asturias quienes se han instalado en la mentira como norma de acción política para ocultar la nefasta gestión de la reconversión de la industria extractiva del carbón.
 
Basta de mentir a los asturianos y a dar falsas esperanzas: el futuro de la minería del carbón en Asturias es de sobra conocido, porque su camino ha sido trazado hace tiempo. Un camino con el que los socialistas, que ahora tanto braman en la búsqueda de un futuro para el sector, fueron anuentes. Sólo desde el más burdo electoralismo se puede mantener, como lo hace el Gobierno de Asturias, la negación a asumir que el final de la minería del carbón en España y Asturias es un proceso irreversible. Tan sólo se mantendrán unas pocas explotaciones (siguiendo criterios de costes de extracción y calidad del producto) que serán declaradas "estratégicas".
 
En ese camino trazado estaban los "fondos mineros" para reindustrializar las comarcas mineras y generar empleo alternativo. La reindistrualización ha sido imaginaria, la generación de empleo inexistente. Parcheos de infraestructuras, establecimientos hosteleros, polideportivos sin uso, centros de interpretación de lo minero y lo no minero, museos de lo más variopinto, polígonos industriales yermos de ocupantes y la propaganda y la promoción están a la vista; pero no han logrado, ni de lejos, cumplir el objetivo para el que fueron creados los fondos mineros. Y lo que es más grave: en muchas ocasiones se han utilizado para ejecutar inversiones que las administraciones debieran haber hecho con sus propios recursos. La demoledora comparación entre empleo perdido y empleo creado no admite discusión: 50-60% frente a 4-6%.
 
Quienes ahora anuncian nuevas movilizaciones sindicales, y quienes las apoyan desde sus puestos en los gobiernos locales y regional (actores todos ellos de la construcción de semejante desastre) deberían asumir su responsabilidad y dejar el descaro y la elocuencia pidiendo al Gobierno de España que revise y negocie el próximo Plan del Carbón. Ese planteamiento manifiesta la solapada intención de erigirse en "hacedores" de acuerdos del carbón que falsariamente salvan el sector, para seguir, de ese modo, soslayando su responsabilidad en el inane proceso de reconversión.

La resignación de quienes pretenden seguir gobernando Asturias bajo el letargo del subsidio, el sueño de la prejubilación y la cultura del mínimo esfuerzo no debe abocarnos a renunciar a una alternativa real, con políticas nuevas y diferentes a las fórmulas fracasadas y agotadas. Por ello, hay que exigirle al Gobierno de Asturias que actúe, que ponga encima de la mesa nuevas políticas e iniciativas propias, y deje de atecharse esperando a que la crisis y la decadencia de nuestra región desaparezcan, como quien espera que la tormenta escampe.

Asturias debe ser emprendora, o no será. Nuestra región tiene que hablar de cuestiones modernas y de futuro como la innovación, las nuevas tecnologías, la reducción de CO  o la “economía verde”. Tiene que ser una Asturias totalmente distinta a la que nos ha tocado vivir, donde los jóvenes creen empleo en vez de buscarlo, una Asturias atractiva para invertir. La cultura de "la fabricona" como columna vertebral de nuestra economía regional es un capítulo pasado de la historia de Asturias, que debe afrontar el futuro abriéndose hacia el exterior y dando un giro de ciento ochenta grados en el rumbo que hemos seguido destruyendo empleo en lugar de crearlo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Unos presupuestos fallidos

Transcurre en esta mañana del día de los Santos Inocentes en la Junta General  del Principado de Asturias el debate de enmiendas para aprobar los presupuestos para el año 2013. La distribución de las fuerzas parlamentarias augura que al terminar la sesión, la unión del tripartito PSOE-IU-UPyD logrará la aprobación de unas cuentas que, por concitar el apoyo mayoritario, no dejan de ser fallidas para nuestra región.
 
Son unos presupuestos que renuncian a combatir la crisis económica y financiera en que nos hallamos, además de incrementar un año más de forma injustificada la presión fiscal. Unos presupuestos que dedican 2,5 veces más de recursos a la deuda (392 millones) que a estimular la economía y el empleo (150 millones). Unos recursos donde la inversión real (364 millones) también es inferior a lo presupuestado a la deuda, cuyos intereses crecen  desde los 97 millones actuales a los 167 presupuestados para 2013.
 
Son unos presupuestos que renuncian a la disciplina presupuestaria, a la eliminación de duplicidades y solapamientos y a establecer medidas de racionalización del sector público que garanticen la viabilidad de las cuentas de nuestra región y permitan dedicar los recursos públicos a las necesidades reales de Asturias.
 
Son unos presupuestos que se han construido para seguir manteniendo el entramado administrativo que durante treinta años han tejido los sucesivos gobiernos de la izquierda en nuestra región y al que no están dispuestos a renunciar; y para cuyo mantenimiento aplican recortes a la educación y la sanidad, sin rubor y, por descontado, culpando a Rajoy de todos los males. Asturias tiene un Gobierno que, casi seis meses después de su constitución, no ha empezado a gobernar y se limita a buscar culpables de su inactividad fuera de la región, dedicándose en exclusiva a hacer oposición al Gobierno de España. Y la casa sin barrer.
 
Cuando se elabora un presupuesto uno debe pensar que sólo en función de los ingresos se puede definir lo que puedo gastar. El Gobierno socialista de Asturias sigue haciéndolo al revés. De ahí a gastar más de lo que se ingresa solo hay un pequeño paso. Claro ejemplo de ello es ver como, no llegando los ingresos para cubrir los gastos presupuestados, se saca de la manga el "impuesto a la banca" al grito de "¡atenme ustedes por el rabo la unidad de mercado, la armonización fiscal y la unión bancaria europea!". El mensaje tranquilizador es más preocupante que la propia técnica fiscal: "este impuesto no repercutirá en los ciudadanos". Sería el primer caso en el historia.
 
Si todo esto, como decía, es preocupante, la mayor inquietud nos asalta al determinar para que sirven estos presupuestos. La realidad es más dura, si cabe, que las cifras escritas en el papel que todo lo aguanta: estas cuentas regionales sirven para dar continuidad a treinta años de políticas fracasadas que nos han traído hasta aquí; las políticas que no han logrado paliar el desempleo, las políticas que no han activado la economía, las que han sido incapaces de establecer un programa industrial para la región, las políticas que se han limitado a co-financiar programas europeos para la agricultura y ganadería y no han generado ni un sólo programa propio. Las políticas, en fin, que no han sacado a Asturias del letargo del subsidio, el sueño de la pre-jubilación y la cultura del mínimo esfuerzo.
 
Hace unos días el portavoz de UPyD en la Junta General calificaba de "suicidio" la expectativa de una prórroga presupuestaria. El verdadero suicidio de esta región es seguir en lo mismo, en la resignación y el deterioro de una región sin iniciativa ni liderazgo político. Una región que se conforma con formulas agotadas que nos han llevado a la Asturias del paro, de la mano de una administración socialista incapaz de dinamizar la reversión del lento declive de nuestra región, que cuenta cada vez menos en el conjunto de España.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Artur Mas ha hecho un Álvarez-Cascos



Cataluña y Asturias han tenido la mala suerte de compartir el destino. Sus Presidentes autonómicos decidieron escenificar su incapacidad para gestionar las competencias que conllevaba su cargo, y sometieron a sus regiones a una cita electoral anticipada tan inútil como preocupante.

Los resultados saltan a la vista: Artur Mas ha dejado a Cataluña en manos de la radicalidad. Sin entonar el más mínimo mea culpa compareció la noche electoral para decir: tomamos nota, nos sentimos obligados a gobernar estos cuatro años y si hay alguien que quiera independencia tendrá que hacerlo desde la corresponsabilidad del Gobierno de la Generalitat. CIU ya se ha dejado demasiadas plumas en la astracanada de la ensoñación de la "Cataluña independiente en Europa", y le dice a los demás que quieran continuar por ese camino que "para pescar Rodaballo, hay que mojarse el carallo". Es cierto que CIU, con Mas a la cabeza, ha ganado las elecciones. No es menos cierto que su irresponsabilidad y la radicalidad de su discurso ha abierto la peor crisis institucional de España y deja a Cataluña ingobernable en manos de ERC y con el mandato en la mano para la convocatoria del ilegal referéndum independentista. En esa circunstancias nadie gana en estas elecciones, sino que todos perdemos, Cataluña y España.

Francisco Álvarez-Cascos no quiso negociar un presupuesto regional para Asturias. Desde su posición de infalibilidad, situó al orgullo como la principal de sus prioridades y lo acentuó con la idea de que con ello se evitaba la crisis de la cual nadie podía sacar a nuestra región de otro modo. De poco sirvió solicitarle un documento inicial de negociación o de apelar a la grandeza de dejarse ayudar ante la tesitura de dejar a Asturias sin un presupuesto regional. La tarde del día en que se evidenció su enrocamiento en su posición parlamentaria minoritaria, negándose a retirar el presupuesto regional para renegociarlo, ante la presentación de tres enmiendas a la totalidad, decidió convocar elecciones anticipadas. Su irresponsabilidad devolvió el Gobierno a los socialistas, que llevan treinta años sumiendo a Asturias en la más absoluta decadencia dilapidando fondos públicos, cuyo resultado es el páramo de actividad empresarial y la galopante destrucción de empleo que asola la región. Y en esa circunstancia nadie ganó en aquellas elecciones, sino que todos perdimos, Asturias y España.

Tanto a Cataluña como a Asturias se las ha sometido a la trituradora del estado electoral permanente y las consecuencias del fracaso electoral de Mas y Cascos, en su ansia de tener permanentemente metido el dedo en el ojo del Gobierno de España, las pagamos catalanes y asturianos. La tentación de achacar estas consecuencias al modelo territorial y de financiación autonómica es en este momento el recurso fácil. Cuando se creó el modelo autonómico no se busco un modelo perfecto, ni nuestra Constitución buscó dar resueltos problemas que, en realidad, no lo estaban. En lo que si se constituyeron fue en los instrumentos de convivencia común en los que debimos avanzar, pero que algunos se ocuparon de debilitar, antes que reforzar; en aprovecharse de sus imperfecciones, antes que en trabajar por construir en el proyecto común de España. 

Por ello, tenemos que reforzar los conceptos de unidad de España, solidaridad territorial y descentralización administrativa. Y esa tarea pasa por combatir la falta de compromiso con esos conceptos de quienes utilizan arteramente el victimismos y los prejuicios hacia el Estado español, culpando a éste de los problemas que padece cada región. En ese combate está la clave de la superación de la crisis, en la aplicación de las medidas necesarias para volver a la senda del crecimiento tras años de despilfarro e imprevisión. De otro modo reflejaremos que no hemos entendido nada de lo que ha pasado.

martes, 13 de noviembre de 2012

¡Visca Catalunya espanyola!

El pasado 22 de mayo Javier Fernández intervenía en el Pleno de elección de elección del Presidente del Principado de Asturias en la Junta General. En su discurso, el ahora Presidente del Principado de Asturias, no hizo ni una sola mención a la situación territorial del Estado, ni sobre la deriva independentista que tanto desde el País Vacos como desde Cataluña venían a introducir el discurso oportunista de dos representantes autonómicos que, incapaces de gestionar sus propias competencias, decidieron centrifugar su inane gestión en la lavadora de una contienda electoral.

Ni en esa ocasión, ni en los meses posteriores, hemos oido de boca del Presidente de todos los asturianos pronunciamiento sobre ello. Oirle resulta dificil, es cierto, dado que el silencio es la seña de identidad de su mandato, fruto de que nada tiene que decir ni explicar, porque nada está haciendo. 

Como español y como asturiano -español por dos veces- espero que mi Presidente, el Presidente de todos los asturianos, se posicione claramente frente a quienes ponen en duda la continuidad del proyecto común que se llama España.

Del mismo modo que es seguidista con su partido construyendo argumentos en contra del Gobierno de España, Javier Fernández es seguidista en mantener la tibieza, reforzada por su sepulcral silencio, frente a quienes huyen de su responsabilidad planteando ahora la independencia, proyecto soberanista, o como quiera llamarse, como solución a la situación de un Estado autonómico que han colaborado a que sea inviable, paradojicamente, desde el ejercicio de las responsabilidades de Gobierno que los ciudadanos han puesto en sus manos.

Del Presidente de Asturias esperabamos un pronunciamiento sin ambajes frente a los que cada día anteponen los derechos territoriales a los de las personas y tratan de convencernos de que el principio democrático impide oponer obstaculos a la voluntad sececionista territorializada.

De Javier Fernández esperabamos rotundidad frente a los que actuan como si fueran entidades soberanas con la potestad para prohibir y censurar intentos de intervención en sus asuntos internos por parte de otros; frente a los que inventan un devenir específico y autónomo, que antepone las raices a los valores para resaltar las diferencias, incluso cuando estas son mínimas o inexistentes.

Del Gobierno de Asturias, y del partido que lo sustenta, esperabamos que se posicionase frente a quienes amenazan a España, a su Constitución y a su integridad, y pretenden hacer saltar por los aires los ideales de solidaridad e integración humana, provenientes tanto de la tradición liberal como de la socialdemócrata,  sobre los que se fundamenta nuestra nación y nuestra pertenencia a Europa.

En este tiempo de críticas a la Constitución Española, que la tachan de ambigua y denuncian sus lagunas, hay que recordar que nuestra Carta Magna no buscó dar resueltos problemas que, en realidad, no lo estaban. Lo que si hizo fue señalar el camino para su encauzamiento y la meta final. Adolfo Suárez lo expresó así: "A nadie se le impuso la autonomía, pero a todas las nacionalidades y regiones se les reconoció el derecho a acceder a ella y asumir las cuotas más altas de autogobierno".

Y es que, como también dijo Adolfo Suárez, "no hay estructura política que soporte la inseguridad jurídica derivada de catorce o quince regímenes diversos de distribución y asunción de competencias de diferentes materias. Ni hay tampoco estructura económica unitaria que aguante la parcelación artificial del espacio y del mercado a base de políticas financieras, restrictivas o de incentivación diversas". En esta posición también esperabamos al Presidente de Asturias. Pero como Vladimir y Estragon, los asturianos seguiremos esperando a nuestro particular Godot, a Javier Fernández.